
Hace tiempo que traspasaron nuestros límites, y la vivienda es la gota que ha colmado el vaso.
Para tener dónde dormir, algo que llevarnos a la boca y poder vivir, nos han hecho dejar nuestras fuerzas en empleos indignos que nadie debería llevar a cabo. Hemos arriesgado nuestra salud en condiciones precarias, aguantando esfuerzos inhumanos, estrés interminable y la incertidumbre de no saber qué nos pasará el día de mañana. Hemos perdido años de nuestro vida, pudiendo dedicarnos más a la gente que queremos, y nos han hecho pasar por auténticas desgracias, una tras otra, con la promesa de tener un lugar donde caer en algún momento. Esa promesa del sistema no para de alejarse cada vez que entramos en un portal web, viendo precios con los que no podríamos ni soñar para entrar en infraviviendas, y ante esto decimos ¡BASTA!
¡Basta de servidumbre al patrón y al casero!
Porque el sistema lo hicieron para permitir pocas opciones, y como clase desposeída, a la mitad de ellas no nos dejan ni acercarnos, condenándonos con sus precios a someternos al alquiler. De esto es culpable la clase especuladora, que si no alquila vende al rentismo e inversionismo, en vez de a personas. Y no podemos olvidar a sus colaboradores del estado. Bandas gubernamentales repletas de caseros, a los que se les pide construcción pública cuando ponen pisos «protegidos» a 2000 € al mes, cuando fueron quienes vendieron vivienda pública a fondos buitre aún con gente dentro y cuando llevan años sin movilizarse hasta haberles confrontado. Esa es la lógica del estado, creado para defender el mercado, llegando a su única conclusión: que quien nos pisa es cómplice o quien decide nuestra factura.
Por todo esto han actuado como han querido con el mercado, arrinconándonos para no ver más que un alquiler comiéndose nuestros sueldos. Por esto se puede convertir lo que debería ser personal en una propiedad que nos privan. Por esto pueden decir que si la inflación sube el doble, el piso valdrá el triple, o fingir que el precio nos lo marca la oferta y la demanda. Nos hemos ido aferrando a base de enormes cambios a tener techo, sin que la oferta respondiera a ninguna demanda. De eso sabemos que tratan de rascarnos hasta los huesos, nada más; como si no fuera el hogar tan básico como la salud.
Son su soga, su esperpento parlamentario, su búsqueda eterna de sacarnos beneficios récord y nuestra necesidad lo que nos ha traído a la huelga. Buscamos salir de esta lógica viciada para vivir nuestras vidas de verdad. Sabemos que podemos dejar de gastar el tiempo, trabajar en lo que importa, que las casas las hacemos con ladrillos, con las manos, y que para eso no necesitamos sucursales ni despachos. ¡Por todo vamos contra el rentismo y contra el estado! ¡Vamos a por la emancipación!
¡Salud, anarquía! ¡Que viva la huelga general!
